Se suele decir que la Argentina es un crisol de razas o recitar el preámbulo de la Constitución Nacional que invita a todos los hombres del mundo a habitar el suelo argentino, pero cuando se les preguntó la opinión a 4.971 adolescentes que cursaban sus estudios secundarios en 85 escuelas públicas de 21 provincias, mostraron un rechazo generalizado a los extranjeros, según un estudio realizado por investigadores del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.
Segregados. Gitanos y judíos con el (67% y 55% respectivamente) son los dos grupos más rechazados por los jóvenes consultados, y les siguen de cerca los orientales con el 52%, en los que se incluyen indistintamente chinos y coreanos.
En el ranking de no preferidos (ver infografías) por la mitad de la muestra se ubican los bolivianos, peruanos, paraguayos y chilenos. Las personas de esas nacionalidades, por diversoso motivos, sufren agresiones verbales y menosprecio, especilamente por parte de de los porteños.
Alarma. “El estudio reveló un alarmante nivel de xenofobia. No esperábamos que alcanzara esta dimensión”, destacaron los sociólogos Ana Lía Kornblit y Dan Adaszko, del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, autores de este trabajo que recientemente obtuvo el Premio Iberoamericano en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y otro del INADI.
La xenofobia se traduce como la incapacidad de aceptar lo diferente. Los gitanos, judíos y orientales, los más rechazados, son percibidos con patrones culturales ajenos a lo local. “Esto denota intolerancia y la imposibilidad de aceptar a aquel que no sea igual”, indican.
Otro rasgo compartido por estos tres grupos es que a nivel comercial se les “atribuye prácticas corporativas y desleales, aunque esta percepción no sería otra cosa que una mirada racista encubierta de un discurso pseudo económico”, subrayan.
Salvo los peruanos, el resto, los bolivianos, paraguayos y chilenos, comparten ser oriundos de países limítrofes y “ser vistos como competidores en el mercado laboral aunque diversos estudios demostraron que en los 90 el impacto económico de los inmigrantes vecinos fue mínimo. El rechazo –remarcan- está más vinculado a prejuicios raciales y a un eurocentrismo históricamente arraigado en la sociedad”.
Los últimos “menos mal vistos” son los estadounidenses, árabes y uruguayos. En cambio, los más aceptados son los brasileños y los argentinos de otras provincias. Por otra parte, a la hora de discriminar no hay diferencias por edad, ni nivel socio-económico de los encuestados. En cambio, las mujeres muestran menos xenofobia que los varones, al igual que los hijos de padres con mayor nivel de educación. También expresan más tolerancia los chicos que viven un buen clima familiar y menor nivel de violencia en la escuela.
De esto no se habla. “Existe un doble discurso. Por un lado, el de una Argentina crisol de razas, y sin embargo, el estudio muestra una postura bastante reactiva al extranjero no europeo”, evalúa Adaszko. Pero los jóvenes parecen repetir los estereotipos históricos. “En la constitución de un “nosotros” argentino primó desde los orígenes la descalificación de todo lo que no fuera europeo, la idea de la superioridad del hombre blanco y el rechazo a toda mezcla racial”, indican.
¿Qué se puede hacer? “Lo más importante es establecer canales de participación, donde los jóvenes puedan aprender hábitos de tolerancia hacia los que ellos piensan que son diferentes”, sugiere Kornblit, al tiempo que Adaszko agrega: “La discriminación y xenofobia hoy no se trabajan en la escuela, salvo en contados casos. El punto de partida que cambiaría bastante la cuestión es ponerlo sobre la mesa.
El discurso escolar es que supuestamente somos todos iguales y con los mismos derechos, pero lo cierto es que los chicos reproducen los estereotipos de discriminación”, concluyó Adaszko.
“Es como si hubiera en la Argentina dos corrientes de pensamiento. Una relacionada con el espíritu republicano, de la defensa de los derechos de los habitantes y de la igualdad de oportunidades. Pero también existe otra corriente de opinión -como subterránea- de rechazo a los extranjeros. Cuando uno se pone a indagar un poco estas actitudes saltan”, sostiene Ana Lía Kornblit, socióloga, psicóloga, médica y doctora en Antropología. “Esto se halla en nuestros orígenes, pero siempre estuvo oculto. Hay como una fachada que muestra a la Argentina como país a la vanguardia en la aceptación de las corrientes migratorias, pero si bien esto se dio y vinieron muchos inmigrantes, también no fueron aceptados fácilmente. Esta ha sido una de las razones más importantes para que una gran parte de los que llegaron se fuera”, agregó.
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